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FRENTE A LA CRUZ | Nuestro nombre es la esencia de la misión e identidad que Dios nos ha dado

Esta semana celebramos la fiesta de la Anunciación.

En esta fiesta, escucharemos una lectura del profeta Isaías, que nos dice: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa ¡Dios con nosotros!”. Una cosa curiosa acerca de este pasaje es que el texto hebreo simplemente dice “una joven” concebirá un hijo. Sin embargo, cuando los eruditos judíos tradujeron el texto del hebreo al griego, unos 200 años antes de Cristo, la palabra griega que escogieron como la representación más acertada del significado de la palabra en hebreo fue la palabra “virgen”, y nadie mejor que los eruditos judíos que hablaban el griego para saber que esa era la palabra correcta.

No solamente el texto tiene un significado profético que apunta a la concepción de Jesús por María, la historia de la traducción del texto afina el punto. En la providencia de Dios, todas las cosas convergen en Jesús.

En el Evangelio, Gabriel saluda a María como “llena de gracia”. La palabra griega que nosotros traducimos como “llena de gracia” (o en algunos casos como “muy favorecida”) no se encuentra en ningún otro lugar, no solo en las Escrituras, sino en cualquier fuente antigua. Al igual que María, el termino es único en la historia.

El término también funciona como una especie de nombre. El Catecismo nos dice que el nombre expresa la esencia de una persona, su identidad y su misión (CCC 203). “Llena de gracia” ciertamente expresa estas cosas acerca de María.

El martes, escucharemos acerca de otro nombre: un cierto José, a quien los apóstoles pusieron por nombre “Bernabé” que significa “hijo de consolación”. Los apóstoles debieron haber visto que “hijo de consolación” era la esencia, identidad y misión de este hombre, y por eso le dan ese nombre.

Mas tarde en la semana, oiremos acerca de la multiplicación de los panes y los peces. Este episodio termina con Jesús retirándose de la gente porque Él sabía “que ellos iban a venir y se lo llevarían para hacerle rey”. Jesús sabe que “rey” — en el sentido que la gente le daba al termino- no era su identidad o su misión. Él se retira porque necesita mostrarles, lenta y pacientemente, que clase de rey será — un rey que gobierna desde la cruz.

Esto es similar al episodio de los fariseos donde le preguntan a Juan el Bautista quién era él. ¿”Eres Elías? ¿Eres el Profeta?” Juan rechaza estos nombres. Él sabe quién es él, y quien no es él.

Dios también nos da un nombre a cada uno de nosotros. Mientras mejor conozcamos el nombre — la misión e identidad que Dios nos ha dado- más profundamente experimentaremos dos clases de libertad: 1) Libertad para la misión que Dios nos da - lo que vemos en María y Bernabé, y 2) Libertad de cualquier falsa expectativa acerca de quiénes somos y qué debemos hacer- lo que vemos en Jesús y en Juan el Bautista.

La Anunciación no es solamente la celebración de la Cooperación de María con el plan de Dios para su vida. Es también establecer un patrón para nuestra cooperación con el plan de Dios para nuestra vida. Oremos para crecer en la libertad de decir “sí” al plan de Dios para nuestras vidas, y “no” a cualquier cosa que interfiera con ese plan. Mientras más lo hagamos, todo en nuestras vidas convergerá más en Jesús.

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