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Mass for God the Father

Sunday, 08/02/2020 at 1:30 PM

FRENTE A LA CRUZ | Nuestra más profunda lealtad debe estar con el Evangelio

Cuando nuestra afiliación política entra en conflicto con los valores del Evangelio, nuestra opción es encontrar soluciones creativas

¿De dónde eres ciudadano?

La mayoría de nosotros, de los Estados Unidos. ¡Y estamos agradecidos por eso! Es verdad, nuestro país es imperfecto, pero recibimos abundantes bendiciones por ser sus ciudadanos.

Sin embargo, escuchamos varias cosas en las lecturas de esta semana que nos sugieren algo más profundo debería ser también considerado.

Por ejemplo, escuchamos una serie de lecturas del profeta Amós. Él era un pastor en el sur del reino de Judá. Fue enviado por Dios a predicar al norte del reino de Israel en un tiempo de gran prosperidad material, pero al mismo tiempo de gran decadencia moral.

¡A Amós no le dieron la bienvenida con los brazos abiertos! Sin embargo, él dejó algo claro: su más profunda lealtad no era con su ocupación — la había dejado atrás. No era con su propia tierra — la había dejado atrás. No era con cualquier aprobación humana — él fue rechazado por el norte, pero de todas formas les predicó. Su más profunda lealtad era con la palabra de Dios. Las otras cosas eran ciertamente parte de él: era un pastor, era de Judá, quería que la gente aceptara su mensaje, pero su lealtad a la palabra de Dios era más profunda que cualquiera de ellas, y eso le dio una mayor libertad que cualquiera de ellas.

También celebramos esta semana a san Pedro y san Pablo (el 29 de junio). Pedro era un miembro del pueblo judío. Pablo no solo era un miembro del pueblo judío sino también un ciudadano romano. Sin embargo, para cada uno de ellos, como para Amós, había una verdad y una lealtad más profundas. La verdad más profunda era su relación con Jesucristo. Su lealtad hacia Él les dio una mayor dignidad y una libertad más profunda que cualquier otra cosa.

A medida que celebramos nuestro país, y miramos hacia las próximas elecciones, Amós, Pedro y Pablo nos ofrecen un desafío: Nuestra lealtad más profunda no debe estar con ningún partido político sino con el Evangelio de Jesucristo. Por supuesto también podemos pertenecer y abogar por los partidos políticos. Amós no dejo de ser de Judá; Pedro no dejo de pertenecer al pueblo judío; Pablo no dejó de ser un ciudadano romano. No tenemos que dejar de pertenecer a un partido político, pero si hay un conflicto entre el Evangelio y nuestro partido político nuestra más profunda lealtad necesita estar clara.

Permítanme sugerirles tres opciones para cuando se nos presente un conflicto: 1) Dejar el partido 2) Permanecer en él y presionar para que el partido cambie 3) Crear una alternativa que sea más aceptable.

¿Pueden los cambios realmente suceder? Yo pienso que sí. Hace muchos años el estado de la catequesis en la Iglesia estaba muy decaído, pero un grupo de personas que creció bajo esas circunstancias decidió hacer la diferencia. No se contentaron con simplemente quejarse acerca del problema. Ellos profundizaron en el problema y retaron al status quo con soluciones alternativas y creativas. Sus esfuerzos crearon un nuevo panorama para la catequesis: Christopher West y el Instituto Theology of the Body; Jeff Cavin y la Great Adventure Bible Timeline; Curtis Martin y la Fellowship of Catholic University Students; Timn Gray y el Instituto Augustine con su ramificación, formed.org; Matthew Pinto y Ascencion Press. Hay muchos otros.

El punto es, había una necesidad por vinos y odres nuevos, y se levantó una nueva generación completa de nuevos líderes catequéticos para llenar esa necesidad. No existe ninguna razón por la cual esto no pueda suceder en el status quo político.

Así que quiero hacer dos llamados. El primero a la iglesia joven: Si no están satisfechos con las opciones políticas disponibles para ustedes, ¡ejerzan su determinación y creatividad! Creen nuevos odres. Segundo, a la iglesia madura: Les pido que recen por esa renovación. Presten sus ánimos, su sabiduría y su paciencia.

Mientras celebramos nuestro país — ¡y es correcto hacerlo! — pensemos en cómo darle la vida nueva y profunda que tenemos en Cristo.

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