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FRENTE A LA CRUZ | La encíclica ‘Humanae Vitae’ se refiere a aspectos en el mismo corazón de la fe

Hace cincuenta años — el 25 de Julio de 1968 — el Papa Pablo VI en su carta encíclica ‘Humanae Vitae’ reiteró las enseñanzas de la Iglesia sobre la inmoralidad de la anticoncepción. Es una buena oportunidad para decir algo acerca de esa enseñanza.

La Iglesia no objeta los anticonceptivos porque son artificiales. (Hay muchas cosas artificiales que nosotros aprobamos). La Iglesia los objeta porque son “anticonceptivos”

¿Por qué?

Pues bien, utilizando el lenguaje más preciso de “Humanae Vitae”, lo hace porque todos y cada uno de los actos de la relación sexual tienen un significado de unión y procreación. Por lo tanto, disminuir deliberadamente cualquiera de estos aspectos es pecar contra la naturaleza que Dios ha inscrito en el acto sexual. En el lenguaje más personal de la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II, es porque el acto de la relación sexual es una manera de hablar con el cuerpo, diciendo: “Yo me entrego a ti completamente”. La anticoncepción disminuye esta verdad al quedarse con algo deliberadamente.

Entonces, es igualmente importante entender que la Iglesia quiere que digamos “sí” a sus enseñanzas sobre la anticoncepción. En la eucaristía y en la cruz, Jesús nos hizo una completa entrega de sí mismo: Él nos da Su cuerpo y sangre, sin quedarse con nada, para que nosotros podamos tener vida. La Iglesia quiere que nosotros sigamos a Jesús — aun en el matrimonio, inclusive en lo que respecta a nuestra sexualidad.

Adicionalmente, así como la Trinidad es una comunión de personas cuya unión nos da vida — físicamente, en creación, y espiritualmente, a través de la gracia — la Iglesia quiere que vivamos a imagen y semejanza de la Trinidad, aun en el matrimonio, inclusive en lo que respecta a nuestra sexualidad.

En otras palabras, la cuestión de la anticoncepción no es periférica a la vida de fe. Más bien, toca el mismo corazón de la fe: la Trinidad, la eucaristía y la cruz.

Naturalmente, hay algunas objeciones a esta enseñanza. Permítanme referirme a solo dos de ellas:

¿La Iglesia nos dice que necesitamos tener tantos niños como sea posible? ¿Qué pasa con la planificación familiar?

Humanae Vitae enseña muy claramente la necesidad de tener una paternidad responsable. Puede haber muchas razones legítimas físicas, psicológicas, económicas y sociales para limitar el número de niños que una pareja tiene. La pregunta no es acerca de ser responsable o no, sino acerca de cómo cumplir con esa responsabilidad.

¿No habla la Iglesia con duplicidad cuando le dice no a la anticoncepción y sí a la planificación familiar- No es eso simplemente “anticoncepción natural”?

La diferencia entre planificación natural familiar (NFP, por sus siglas en inglés) y los anticonceptivos no está en el nivel de intención. Ambos pueden ser utilizados — con la misma efectividad — para limitar y distanciar el nacimiento de los niños. Sin embargo, la NFP implica prestar una atención muy cercana a los ciclos naturales del cuerpo de una mujer, respetando su cuerpo y colaborando con él. Por otra parte, la anticoncepción implica tratar la fertilidad de una mujer como una enfermedad, inundando su cuerpo con hormonas para anular sus ciclos naturales. Hay entonces una gran diferencia, y cada una da forma a cómo tratamos a las mujeres.

Existen muchos matices en las enseñanzas de la Iglesia acerca de la anticoncepción. Los animo a que aprendan más acerca de ella — tanto desde el punto de vista médico como moral — con lecturas adicionales acerca del tema o contactándonos en nuestra oficina de NFP. Sin embargo, las principales objeciones a esta enseñanza el día de hoy no son realmente acerca de los matices, son acerca de la existencia misma de la enseñanza. Por tanto, es el momento de decir: las enseñanzas de la Iglesia sobre la anticoncepción continúan siendo válidas, se refieren a los misterios centrales de la fe, y la pregunta es si realmente estamos comprometidos a seguir el ejemplo de Jesús en la eucaristía y en la cruz.

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