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Mass for God the Father

Sunday, 08/02/2020 at 1:30 PM

FRENTE A LA CRUZ | Las reglas de moralidad protegen y sirven nuestra vida en Cristo

Algunas escogencias morales nos llevan a la tierra prometida del cielo, y otras nos alejan de ella

La próxima semana

y media oiremos el sermón de la montaña, comenzando con las bienaventuranzas.

Al hablar de las bienaventuranzas, el catecismo de la Iglesia católica nos da una visión sorprendente del lugar que ocupan las reglas morales en la vida cristiana. El catecismo dice: “La promesa de las bienaventuranzas nos sitúa frente a opciones morales decisivas.”

Para nosotros, como para Abraham, es una promesa que se nos ha dado, pero como la promesa es un regalo, el aceptarla o no es nuestra decisión. Algunas escogencias morales nos llevan hacia la tierra prometida del cielo, y otras nos alejan de ella. El tratamiento que el catecismo da a la moralidad fortalece de muchas maneras este punto acerca del regalo y la responsabilidad.

Considere las palabras de apertura sobre el tratamiento de la moralidad en el catecismo: “Cristiano, reconoce tu dignidad… Recuerda a qué cabeza perteneces y de qué cuerpo eres miembro” (CC,1691). No comienza con reglas. Comienza recordándonos acerca de nuestra identidad en Cristo — un don que se nos otorgó libremente.

Considera las palabras que finalizan el tratamiento que el catecismo le da a la moralidad: “La sed de Dios es saciada por el agua de la vida eterna” (CC,2557) No termina con reglas. Finaliza con un recordatorio de nuestro llamado a la vida eterna.

El catecismo no comienza o termina con reglas, sin embargo, en el medio existen reglas. ¿Por qué?

Piénselo de esta manera: el tratamiento que hace el catecismo de la vida moral es como una línea larga y constante, que va desde nuestra identidad en Cristo a la meta de la vida eterna. Cualquier cosa en el camino sirve a esa línea. Algunas cosas nos mantienen sobre esa línea: Son consistentes con nuestra identidad, y nos mantienen en movimiento hacia nuestra meta. Esas cosas son llamadas obligaciones. Otras cosas nos desvían de esa línea: No son consistentes con nuestra identidad y nos alejan de la tierra prometida. Esas son llamadas cosas incorrectas. Cada regla moral en última instancia es para proteger nuestra identidad y nuestro final.

De una forma u otra el catecismo trata de hacer de esto una conclusión inevitable. Los diez mandamientos, y todas las reglas de moralidad, no están allí por sí solos. Protegen y sirven nuestra vida en Cristo.

En una bella reflexión sobre esta combinación de regalo y responsabilidad, C.S. Lewis dice: “Su vida natural se deriva de sus padres; eso no significa que se quedaría allí si no hace nada al respecto. Usted puede perderla por negligencia, o puede desperdiciarla suicidándose… De la misma forma un cristiano puede perder la vida en Cristo que ha sido colocada dentro de él, y tiene que hacer esfuerzos para mantenerla. Sin embargo, aún el mejor cristiano…esta solamente alimentando o protegiendo una vida que nunca podría haber adquirido por su propio esfuerzo.”

Mucha gente en nuestros días dice: “No hay que preocuparse por las reglas. Yo creo en un Dios de amor.” Como católicos tenemos que responder: Esa es una falsa dicotomía. Las reglas — como los diez mandamientos y todo lo que implican — están allí precisamente por causa del amor y para servir al amor. Cuanto más claros podamos estar sobre esa conexión, mejor seguiremos el espíritu y la letra de la ley, tal como Cristo la expone en el sermón de la montaña.

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