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Mass for God the Father

Sunday, 08/02/2020 at 1:30 PM

FRENTE A LA CRUZ | Abrazar las manifestaciones que vienen de Dios

Las manifestaciones de Dios, o epifanías, nos dan lecciones de diferentes maneras

Cerramos la temporada de Navidad y pasamos al Tiempo Ordinario con un grupo de festividades conectadas entre sí. En la iglesia antigua en la Epifanía se conmemoraban tres cosas: 1) La visita de los Reyes Magos, 2) el bautismo del Señor y 3) las bodas de Canaán.

¿Por qué estas tres festividades? Porque la palabra epifanía en griego antiguo significa “manifestación”, y estos eventos son tres momentos claves en los cuales la identidad de Cristo se manifestó públicamente: su primera revelación a los gentiles, su revelación pública como Hijo amado del Padre, y el primer acto público que realizó.

Si pensamos en términos de lo que llamamos “la divina pedagogía” — la manera en la cual Dios nos enseña — esto tiene sentido perfectamente. Un buen maestro no imparte una lección importante solo una vez y de una sola manera. Una lección importante se imparte más de una vez, y en más de una forma.

Dios, el maestro por excelencia, hace lo mismo con nosotros, no solamente en la historia de la salvación sino también en nuestras propias vidas. La belleza de la naturaleza y el poder de las relaciones humanas nos señalan a Dios. Las sagradas escrituras y los sacramentos nos enseñan acerca de Dios. La oración nos lleva a Dios. Así como hay distintas epifanías cercanas a la temporada de Navidad, de la misma manera hay muchas epifanías en nuestras vidas. Dios quiere darnos numerosas oportunidades para aprender acerca de Él y llevarnos cerca de Él.

Sin embargo, esto no significa que “todo es bueno”, como le gusta decir a muchas personas. ¡Definitivamente, no todo es bueno! También, hay un enemigo que trabaja en el mundo. Por eso el apóstol san Juan nos avisa: “No confíen en cualquier espíritu, más bien pónganlos a prueba para ver si pertenecen a Dios”.

Sí, hay un espíritu de fe en el mundo, que nos ayuda a apreciar las maneras en las que Dios se nos manifiesta. También hay un espíritu de engaño en el mundo, que trata de tergiversar cada una de estas epifanías con la finalidad de destruirlas.

Dios puso la bondad natural de la comida en el mundo para ayudarnos a anhelar el banquete celestial; los enemigos tratan de tergiversar esa bondad para llevarnos a la glotonería egoísta (a veces gula de cantidad, a veces gula de calidad). Dios puso la bondad de las habilidades humanas naturales en el mundo, para que nosotros podamos reconocer humildemente nuestros dones y utilizarlos para servirle a Él y a los demás; el enemigo trata de transformar esa bondad en un orgullo egoísta y alimentado por nosotros mismos. Dios puso las bondades naturales de la sexualidad en el mundo para enseñarnos que fuimos hechos para la comunión; el enemigo trata de tergiversar esa bondad hacia la satisfacción de la lujuria.

Ya que Dios es el maestro por excelencia, tanto la historia como nuestras experiencias están llenas de epifanías de Dios. Ya que el enemigo es maestro de la tentación, cada uno de los dones de Dios pueden ser dirigidos a la destrucción humana. Quizás este año que comienza podemos dedicarlo a profundizar nuestro poder de discernimiento: ¡conocer y abrazar todas las epifanías de Dios más profundamente, y conocer y rechazar todas las tentaciones del enemigo más rápidamente!

Dios los bendiga en este nuevo año.

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