SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Al hacer las cosas pequeñas con fe, permitimos que Dios trabaje en nosotros

Hagamos una resolución espiritual para el Año Nuevo: permitir que la luz de Cristo crezca en nosotros, empezando por las pequeñas cosas

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

“La oscuridad está pasando, y la verdadera luz ya está brillando”

Esta línea de Juan 1, que leeremos esta semana, describe el mundo físico en estos últimos días de diciembre. Esto también establece un reto espiritual para nosotros para el año venidero.

Físicamente, la oscuridad de la noche se está haciendo más corta y la luz del día se alarga. Espiritualmente, al haber celebrado hace poco la Navidad y al mirar hacia el Año Nuevo, la palabra de Dios nos llama a permitir que la luz de Cristo crezca y desplace cualquier oscuridad dentro de nosotros, y que entonces brille a través de nosotros en la oscuridad del mundo.

Sin embargo, esto es interesante: Aunque la luz del día se alarga, los días más fríos del invierno están todavía ante nosotros. Los días oscuros que hemos pasado se acumulan en una frialdad que tiene un efecto retrasado. De la misma manera, aunque la luz ya crece, el calor que proviene de ella también se retrasará. Los resultados son seguros, pero no son inmediatos.

Miremos nuestra condición espiritual: Cada uno de nosotros es una interacción de la luz de Cristo y la oscuridad del pecado. ¿Cómo permitimos que la luz de Cristo crezca en nosotros?

Tenemos la tendencia a establecer una agenda, especialmente a principios de año, a hacer una lista de cosas en las que debemos trabajar. Hay algo muy bueno acerca de eso; ¡hay también algo completamente equivocado! Cuando nos proponemos hacer el trabajo nosotros mismos, traemos las mismas herramientas rotas, utilizamos los mismos métodos rotos, y obtenemos los mismos resultados rotos. ¿Qué pasaría, si en lugar de eso, permitimos que Jesús haga el trabajo? Después de todo, Él es el Salvador — no sólo un buen ejemplo. Esto significa que precisamente Él hace el trabajo cuando nosotros no podemos. La única condición es que tenemos que dejarlo hacer el trabajo.

Aquí tenemos una forma de pensar acerca de eso. Cuando Salomón construyó y dedicó el Templo en Jerusalén, la gloria de Dios vino a morar en el de una manera abrumadora y espectacular. (Ver, 1 Reyes 8) Este templo fue destruido en el Exilio. Cuando se reconstruyó, la gloria de Dios no vino a el. Eso dejó al pueblo judío esperando el regreso de la gloria de Dios. Esta esperanza se cumplió cuando Jesús fue presentado en el Templo como un bebé. La gloria de Dios volvió a entrar en el Templo, pero en una manera nueva y sorprendente, en una forma que era pequeña para los ojos humanos.

Él también viene al templo de nuestros corazones en pequeñas maneras. ¡No subestimemos las cosas pequeñas! Lee un capítulo de las Escrituras cada día — permite que la Palabra de forma a tus palabras. Toma cinco minutos al día para hablar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y escúchalos — permite que esa relación sea el tema de tu día. Cuando hacemos cosas pequeñas como esas, le permitimos a Dios hacer el trabajo en nosotros. Permitamos que su luz crezca en nosotros, y nuestra oscuridad desaparezca.

La luz física está aumentando en estos días — gradualmente, imperceptiblemente, pero en forma segura. Y con la misma seguridad seguirá el calor físico de la primavera.

Tomando como ejemplo la naturaleza, podemos hacer nuestra resolución espiritual para el Año Nuevo: permitir que la luz de Cristo crezca en nosotros, aún si es en pequeñas formas que al principio son imperceptibles para el mundo exterior. Si lo hacemos así, entonces, con la misma seguridad, seguirá el calor espiritual, tanto en nosotros como a través de nosotros.

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