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Sunday, 11/07/2021 at 12:00 PM - 1:00 PM

SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Seamos palanca para levantar a otros

Jesús recibió un trato injusto en Su vida, y lo utilizó para traer la salvación al mundo

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

Esta semana celebramos la Fiesta de la Presentación del Señor (el 2 de febrero). Con la finalidad de captar la importancia de esta fiesta, es útil hablar de un pequeño antecedente.

Cuando Moisés construyó el tabernáculo para Israel, Dios vino a morar en el de una manera poderosa (Ver Éxodo 40). Cuando Salomón construyó el Templo en Jerusalén, Dios vino a morar en el de una manera poderosa (Ver 1 Reyes 8). Entonces, cuando el templo se reconstruyó después del Exilio…no sucedió nada. Por 500 años, Israel esperó y anheló que Dios retornara al templo.

Esto es lo primero que celebramos en la Fiesta de la Presentación: cuando Jesús fue al templo siendo un niño cumplió con esa esperanza tan ansiada por Israel. Dios regresó, por fin, al Templo — ¡aunque lo hizo en una manera inesperada! El profeta Simeón y la profetisa Ana, los dos reconocieron lo que sucedió, y compartieron la buena nueva con todos los que encontraron.

La conmemoración de este evento histórico es también una ocasión para detenernos y preguntar: ¿Cómo ha entrado Jesús en mi vida? Puede haber sucedido en formas muy dramáticas, o tranquilas, en formas inesperadas. ¿Anhelamos Su venida, reconocemos Su venida, y compartimos la buena nueva de Su venida, como lo hicieron Simeón y Ana?

En algunas parroquias, la Fiesta de Presentación incluye la procesión con velas. Las velas se llevan a la Iglesia, al igual que Jesús vino como la luz al Templo. También llevamos las velas como un símbolo de que cada uno de nosotros puede llevar la luz de Cristo al mundo.

Una de las maneras en las que Jesús lleva Su luz al mundo a través de nosotros, es a través de la persecución, cuando somos tratados injustamente por causa de nuestra fe católica. Detengámonos un momento para reflexionar acerca de eso.

Gracias a los programas de retiro muchos de nosotros estamos familiarizados con el concepto de “palanca”. Ofrecemos oraciones, o algunos servicios, o algunos sacrificios, en nombre de aquellos que van al retiro. Eso se llama “palanca”, instrumento que se utiliza para transmitir fuerza y levantar. Por nuestras oraciones, servicio y sacrificio, levantamos a las otras personas.

Cuando somos tratados injustamente por causa de nuestra fe, eso también puede ser una palanca — una por la cual Jesús levantó al mundo. Recuerden que Él también recibió un trato injusto. Y ese trato injusto fue la palanca que trajo la salvación del mundo. Cuando nuestra persecución se une a Su Pasión, se transforma en una palanca.

No me malinterpreten: podemos y debemos señalar cuando los católicos son tratados injustamente por causa de su fe, y trabajar para prevenirlo y remediarlo. Al mismo tiempo no necesitamos indignarnos, y probablemente no deberíamos ni siquiera sorprendernos, cuando no somos tratados justamente. Simeón dijo que Jesús era “una señal que sería contradicha”. Como sus discípulos, compartimos Su vida.

Jesús envió a los apóstoles con Su propio poder. Él también nos envía a cada uno de nosotros. Parte del poder de Su vida es la influencia que viene del tratamiento injusto. Es el poder ejercido por Jesús para la salvación del mundo. Es una de las formas en las que podemos llevar Su luz en nuestras vidas.

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