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SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | La forma de ser Católico es el camino de la solidaridad

En todas las acciones, debemos buscar ‘una determinación firme y perseverante para comprometernos con el bien común’

Queridas Hermanas y Hermanos en Cristo,

La ”Solidaridad” fue un tema importante para San Juan Pablo II, en una oportunidad la definió como “una determinación firme y perseverante para comprometerse con el bien común; es decir para el bien de todos y cada uno de nosotros, porque nosotros somos realmente responsables de todos” (“Sollicitudo Rei Socialis,” #38)

Para el papa Juan Pablo II, la solidaridad no solo era un movimiento político, sino una virtud Cristiana. Algunas de nuestras lecturas y celebraciones para esta semana nos ayudarán a explicar por qué.

Por ejemplo, San Pablo dijo: “Me alegro por ustedes en medio de mis sufrimientos, pues lo que sufro en mi propio cuerpo completa lo que falta de los sufrimientos de Cristo por su Cuerpo, que es la iglesia. (Colosenses 1:24). Sí, en ese sentido, todo lo que “falta” en los sufrimientos de Cristo necesita una aclaratoria. Sin embargo, lo que está claro es que San Pablo no define su vida en términos de un rudo individualismo. Él está consciente de que es un miembro del cuerpo, y actúa por el bien de todo el cuerpo.

Esta semana, el 8 de Septiembre, celebramos el cumpleaños de María. María es la encarnación y la realización de que Israel es el pueblo escogido por Dios. A Israel se le pidió cumplir la alianza con Dios, no solamente por su propio bien, sino por el bien del mundo entero. A María también se le pidió algo — ¡llevar al mismo Dios en su vientre! Como cumplimiento perfecto de la misión de Israel, María no llevó a Jesús para ella sola. Ella asumió su misión para la salvación de todos.

Jesús mismo es la encarnación perfecta de la virtud de la solidaridad, no vino a la Tierra por Su propio bien, sino por el bien de los demás. Como dijo Isaías, “Él fue atravesado por nuestros pecados, aplastado por nuestra iniquidad. El sufrió el castigo por nuestro bienestar, por Sus heridas nosotros hemos sanado.” (Isaías 53:5). Como dice el Catecismo de Jesús en su bautismo: “Él se permitió a Sí mismo ser contado entre los pecadores”. (Catecismo de la Iglesia Católica, 536). Como San Atanasio dice en una de sus lecturas de esta semana, “La Sagrada Escritura muestra que la Palabra asumió un cuerpo con el propósito de ofrecerlo en sacrificio en nombre de todos los cuerpos similares al suyo”. Como el Beato Isaac de Stella dice, refiriéndose al matrimonio de Cristo con su naturaleza humana caída: “Todo lo que pertenecía a la novia fue compartido por el novio…Entonces, al compartir la debilidad de la novia, el novio hace suyos sus gritos de angustia, y le da a su novia todo lo que era suyo”.

En Su encarnación y en la cruz, Jesús expresó su total solidaridad con la humanidad caída. El mostró un compromiso firme y perseverante con el bien común. La solidaridad, entonces, tiene un sólido derecho a colocarse entre las virtudes Cristianas.

A la luz de eso, debo confesar que estoy decepcionado acerca de cómo nosotros, como Iglesia, nos hemos comportado y como han sido nuestras conversaciones en los asuntos relacionados con la pandemia. Nuestras conversaciones y acciones se han caracterizado de muchas maneras por una falta de solidaridad.

En medio de desacuerdos legítimos, se han levantado voces estridentes — en ambos lados de las cosas. A menudo nos ha invadido y caracterizado un espíritu de separación más que un espíritu de solidaridad .

En medio de las consideraciones acerca de las mascarillas y las vacunas, la primera preocupación de muchos en ambos lados ha sido, “¿qué es lo mejor para mí? ” en lugar de “¿qué es lo mejor para todos? Eso también, es una falta de solidaridad.

La manera Católica, la manera de Jesús, es el camino de la solidaridad. Es tiempo de que todos demos un paso atrás, examinemos nuestras conciencias y nos preguntemos si tenemos “una firme y perseverante determinación a comprometernos con el bien común; es decir con el bien de todos y de cada uno de nosotros individualmente, porque somos realmente responsables de todos”.

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