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SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Jesús es nuestro ejemplo de la encarnación del amor reconciliador del Padre

Las lecturas de esta semana nos animan a reflexionar sobre como tratamos a aquellas personas que consideramos nuestros enemigos

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

Esta semana escucharemos algunos de los pasajes de los Hechos de los Apóstoles que usan el “nosotros”. Típicamente, los Hechos de los Apóstoles describen lo que “ellos” hicieron — especialmente Pedro y Pablo, pero en algunas pocas instancias hablan de lo que “nosotros” hicimos. ¿Será que el autor se unió a Pablo en alguno de sus viajes?

¡Les dejo esa pregunta a los eruditos de la biblia! Sin embargo, ponderar el cambio del “ellos” a “nosotros” me hace pensar en algo que no requiere ser un erudito de la biblia para resolverlo. ¿Cómo tratamos a aquellos que consideramos nuestros enemigos — bien sea personales, culturales o políticos? ¿Los tratamos como “ellos” o como “nosotros”?

Piensa en como Dios trató a la humanidad cuando nosotros nos comportamos como los enemigos de Dios. El Padre envió a Su Hijo para reconciliarnos, para traernos de vuelta, porque desde la perspectiva de Dios nosotros nunca dejamos de ser “Su pueblo”. En un bello pasaje al comienzo del libro del Profeta Isaías, Dios dice: “Vengan, para que arreglemos cuentas. Aunque sus pecados sean colorados, quedarán blancos como la nieve; aunque sean rojos como púrpura, se volverán como lana blanca” (Isaías 1:18). Fíjese en el uso del “nosotros” en el medio de nombrar nuestra pecaminosidad. Esa es una revelación del carácter de Dios. Él no nos trata como enemigos aun cuando nosotros nos comportamos como enemigos.

Piensa en como Jesús trató a la humanidad cuando estábamos perdidos en el pecado. Él asumió nuestra carne. Él pago el precio de nuestros pecados en la Cruz. Él ofreció hacernos un solo cuerpo con Él en la Eucaristía. Él envió al Espíritu Santo para que pudiéramos compartir Su naturaleza. Eso no hace ningún sentido desde la perspectiva de la humanidad caída — ¡no es la forma como tratamos a aquellos que se oponen a nosotros! Sin embargo, hace sentido perfectamente desde el punto de vista de la perspectiva divina. Así es como actúa el Padre, y Jesús es la eterna imagen del amor del Padre. Por lo tanto, cuando Él se hace carne, Jesús es la perfecta encarnación del amor reconciliador del Padre.

Piensa acerca de San Damián de Veuster quien sirvió a los leprosos de la colonia de Molokai, y cuya fiesta celebramos esta semana (el 10 de mayo). La colonia de los leprosos era una amenaza física a su salud y su vida, pero, como Jesús, eso no le impidió entrar en sus vidas, tratando a la colonia de leprosos como “nosotros” en lugar de hacerlo como “ellos”.

Ese es el Dios a cuya imagen y semejanza fuimos hechos. Ese es el Jesús que nos llama para que lo sigamos. Ese es un Santo que nos muestra el camino. Miremos como tratamos a nuestros enemigos el día de hoy, ¡no estamos haciendo un muy buen trabajo para vivir a la altura de nuestra naturaleza y seguir nuestro llamado!

¿Eso significa que se supone que pretendamos que todo está bien cuando las personas se oponen a nosotros o, aún más importante, cuando se oponen al Evangelio y a las enseñanzas de la Iglesia? ¡Por su puesto que no! Lo que se supone que debemos hacer es más difícil y nos cuesta más. Se supone que debemos amarlos, estar dispuestos a pagar el precio de sus pecados en nuestras vidas — tratar a los demás en la forma en la que Dios nos ha tratado.

“¿Qué pasa si ellos no se arrepienten?” El amor de Dios por nosotros no depende de nuestro arrepentimiento. El ofrecimiento viene primero; nuestra decisión viene después. La pregunta es, ¿podemos nosotros imitar el amor hacia los que se comportan con nosotros como nuestros enemigos?

La humanidad caída se esfuerza para imitar el amor de Dios. Pero fuimos hechos para eso, y somos llamados a hacerlo. Al comenzar nuestra preparación para Pentecostés, recemos por ese don, y abrámonos para recibirlo.

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