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SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Anclemos nuestra esperanza en Cristo

Cuando ponemos nuestra esperanza en Cristo, el gemido del espíritu es una respuesta apropiada a los problemas

Queridas hermanas y hermanos en Cristo,

Llenen el espacio en blanco de este versículo de las Escrituras, no como lo buscarían en Google sino desde su propio corazón. “Si tenemos esperanza por lo que no vemos, nosotros _________”

¿Cómo respondemos cuando esperamos por algo que no vemos suceder?

En su Carta a los Romanos, San Pablo habla acerca del gemido dentro de nosotros mismos. ¡Sabemos lo que quiere decir! Lo experimentamos cuando los Cardenales perdieron el juego de eliminación. También lo experimentamos cuando le sucede algo similar a nuestro equipo favorito de fútbol. Es la misma experiencia que vivimos cuando recibimos malas noticias acerca de un amigo o de algo que está sucediendo en el mundo. Es el quejido de nuestro espíritu cuando algo nos causa pesar. Y el quejido también contiene una esperanza por algo diferente.

Sin embargo, ¿qué es exactamente lo que esperamos? Necesitamos detenernos en eso y reflexionar cuidadosamente, para asegurarnos que nuestra esperanza está arraigada en Cristo.

A menudo, en estos días, esperamos que “todos piensen como yo”. Eso muchas veces nos lleva a la ira y la frustración — porque la gente no termina pensando como nosotros. Esa clase de ira y frustración no es un fruto del Espíritu, lo cual es una señal de que, en un principio, la esperanza no estaba arraigada en Cristo.

O quizás esperamos que, si simplemente ponemos los sistemas correctos en vigencia o las personas correctas en la oficina, todos los problemas del mundo se desaparecerán. Esto usualmente nos lleva a la desesperación — y a veces aún a la violencia — porque los problemas del mundo persisten con terquedad. La desesperación y la violencia no son frutos del Espíritu — otra señal de que, para empezar, la esperanza no estaba arraigada en Cristo.

Quizás esperamos que la moral del mundo progresará en la misma forma en la que lo hace la tecnología. Entonces nos desesperamos cuando no es así, porque no se puede cambiar a las personas de la misma manera que se cambian las cosas. Existe una ley en física que dice que las cosas tienden a deteriorarse, y que el desorden de un sistema tiende a incrementarse con el tiempo. ¡También hay una versión psicológica y espiritual de eso para la humanidad caída!

Es por eso por lo que me gusta el enfoque del Centro St. Patrick. El Centro St. Patrick no existe para finalizar la situación de las personas sin hogar — una meta noble pero poco probable. El Centro St. Patrick existe de manera que cada persona y familia que se encuentra en una situación de falta de vivienda pueda encontrar un camino de regreso a la estabilidad. Para empezar, ellos son cuidadosos de no hacerlos perder sus esperanzas. Y al disciplinarse acerca de sus esperanzas, es menos probable caer en la ira, la desesperación, el desaliento y la violencia.

No se equivoque, ¡todavía hay gemidos del espíritu! Esos gemidos son una respuesta apropiada a los problemas del mundo. Sin embargo, ese gemido no cancela la esperanza, más bien está emparejado con ella. Esa es una señal de que esa esperanza está arraigada en Cristo.

¿Por qué estoy gastando tanto tiempo en la esperanza?

En parte porque San Pablo se centra en ella en las lecturas de esta semana. Aunque también, parcialmente porque nosotros necesitamos pensar cuidadosamente acerca de la esperanza a medida que comenzamos el Proceso Pastoral de Planificación. Si estamos firmemente arraigados en Cristo, entonces seremos capaces de gemir y tener esperanza al mismo tiempo a medida que transitamos a través del proceso. Si desde el principio perdemos nuestra esperanza — ¡y hay muchas maneras de que eso pase! — entonces lo que experimentaremos a medida que atravesamos el proceso no será fruto del Espíritu.

Nuestra fe es en Cristo, no en el mundo. Y nosotros conocemos como crece Su vida: desde el sufrimiento a la gloria. Anclemos nuestra esperanza en Él a medida que seguimos adelante.

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