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Speaker Series: Dr. Joseph Pearce

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Spirit Alive Youth Conference

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SIRVAN AL SEÑOR CON ALEGRÍA | Nuestra búsqueda de la perfección es única para cada uno de nosotros.

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

“Ustedes han escuchado que se ha dicho: Ojo por ojo y diente por diente, pero yo les digo…. cuando alguien te golpee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra mejilla”.

Seis veces, en el Sermón de la Montaña, Jesús hace declaraciones como esa. En la superficie - aun cuando dice que vino a cumplir la ley - parece estar anulándola. “Jesús acabó con todo eso” es la actitud que las personas toman a veces, pero esto lleva a la conclusión falsa y peligrosa de que podemos ignorar el Antiguo Testamento.

Sin embargo, una de las claves para comprender el ministerio de Jesús, y mantener un adecuado sentido cristiano del Antiguo Testamento, es ver la trayectoria que Dios toma con Su pueblo. Dios da un paso a la vez hacia la plenitud de la verdad. Cuando Jesús parece estar anulando la ley, usualmente está tomando el próximo paso en el camino que Dios ha preparado. El cumplimiento puede ser sorprendente. Esto puede parecer nuevo y contradictorio - de la misma manera una flor puede parecer nueva y contradictoria al compararla con su semilla, cuando de hecho, es la continuidad orgánica de la misma línea de crecimiento. Pensar que “Jesús acabó con todo eso” es como tratar de tener flores sin semillas.

¿Cuál es la meta final? Jesús la revela cuando concluye Su discurso sobre la ley diciendo: “Por su parte, sean ustedes perfectos, como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo” (Mateo 5:48).

La gente a menudo también descarta eso. ¿Cuántas veces le oímos decir a la gente, “Por supuesto, nunca vamos a ser perfectos”?

Este sentimiento, que parece tan razonable en la superficie, es contrario al Evangelio y a la trayectoria de todas las Escrituras. En Levítico 19:1-2, Dios hace de Su santidad el estándar de la nuestra. “Sean santos, porque yo, Yavé, Dios de ustedes, soy Santo”. Jesús recoge esto cuando nos dice que seamos perfectos como Su Padre celestial es perfecto. El Apocalipsis 21:27 pone la guinda en el pastel al decirnos que nada impuro entrará en el cielo. Las Escrituras - en el principio, en el medio y en el final - nos dicen que la perfección es la meta.

Por supuesto, no deberíamos malinterpretar lo que significa la perfección. Esto no significa que cada uno debe ser exactamente como los demás. La perfección de una fresa es diferente de la de una manzana. La perfección de un perro es diferente a la de un caballo. De la misma manera, la perfección de un santo es diferente de la perfección de otro. Santa Teresa de Lisieux es diferente de Santo Tomás de Aquino, quien es diferente de San Ignacio de Loyola, quien a su vez es diferente de la Madre Teresa, y así sucesivamente. Dios nos da a cada uno diferentes dones; Dios nos pide a cada uno de nosotros desempeñar diferentes roles. Cuando utilizamos los dones y hacemos nuestro papel perfectamente, crecemos en esas diferencias.

La verdad del camino que Dios nos da. Tener paciencia con la gente a medida que transita por ese camino, un paso a la vez. Determinación, siempre desafiando y animando a las personas a tomar el próximo paso. Esas son las tres características del ministerio de Jesús. Si dejamos de lado alguna de ellas en nuestro ministerio - verdad, paciencia o determinación - nos separamos de Jesús.

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SIRVAN AL SEOR CON ALEGRA 6557

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