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FRENTE A LA CRUZ | El Espíritu Santo guía a la Iglesia para solucionar las controversias

El dos de mayo, celebramos la fiesta de San Atanasio. En una sorprendente coincidencia, también comenzamos la lectura de Hechos de los Apóstoles 15 en ese mismo día. ¿Cuál es el hilo en común? Ambos implican controversias en la Iglesia.

En los Hechos de los Apóstoles 15 la controversia fue acerca de la circuncisión: ¿Deberían los gentiles convertidos al cristianismo ser circuncidados, y observar la Ley mosaica en general? Después de todo, Jesús dijo que Él no había venido a abolir la ley sino a cumplirla (Mateo 5:17), pero Él también declaró que ningún alimento era prohibido. (Marcos 7:19).

Algunos fariseos convertidos mantenían que los gentiles convertidos deberían ser circuncidados y observar la Ley. San Pablo pensó que los componentes del ritual de la Ley mosaica habían sido superados por Jesús, por lo tanto, la circuncisión no era necesaria.

La disputa se resolvió a favor de la posición de San Pablo ­— es por eso por lo que hoy en día no estamos sujetos a las leyes kosher. Sin embargo, es importante comprender el proceso por el cual se llegó a esa resolución. La controversia fue llevada ante los apóstoles en Jerusalén - una convocatoria similar a un concilio de la Iglesia. (De hecho, la reunión es a veces llamada “el Concilio de Jerusalén”). Los apóstoles escucharon, hablaron y oraron. Entonces dijeron algo crucial: “Esta es la decisión del Espíritu Santo y la nuestra…”

Hay algunas cosas que debemos hacer notar. 1) En última instancia, es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia en tiempos de controversia. 2) El Espíritu Santo guía a la Iglesia a través de los seres humanos — y esto toma tiempo. 3) La solución siempre se basa en las palabras y obras de Jesús, pero tenemos que descubrir la forma de comprender mejor estas palabras y obras.

En el tiempo de San Atanasio — 300 años más tarde — el asunto fue la naturaleza de Jesús: ¿Era Jesús simplemente humano, completamente divino, o algo intermedio? Después de todo, Él dice “el Padre y Yo somos uno” (Juan 10:30) y “el Padre es más grande que Yo”. (Juan 14:28)

Algunos, siguiendo a Ario, pensaron que Jesús era más humano que divino. Ellos resumieron su posición diciendo que Él era “de una substancia similar (pero no igual) a la del Padre. Otros, como San Atanasio, sostenían que Jesús era completamente divino- “de la misma substancia” del Padre.

La disputa se solucionó en el año 325 después de Cristo, en el Concilio de Nicea a favor de la posición de San Atanasio- aun hoy decimos que Jesús es “consubstancial” con el Padre. Sin embargo, nuevamente, es crucial darnos cuenta del proceso. La disputa fue llevada a una reunión de los obispos de todo el mundo. (Esta reunión se conoce como un “Concilio Ecuménico”). En definitiva, es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia. El Espíritu Santo trabajó a través de los seres humanos, y esto tomó su tiempo. De hecho, este debate continuó de varias formas por otros 125 años, y todos los aspectos fueron finalmente solucionados en el Concilio de Calcedonia en el año 451. Una vez más la resolución se tomó en base a las palabras y obras de Jesús, pero una vez más implicó descubrir cómo entender mejor estas palabras y obras.

Las controversias en los Hechos de los Apóstoles 15 y en la vida de San Atanasio siguieron un patrón común. Quizás, si estudiamos este patrón más de cerca, podremos involucrarnos en las controversias de nuestro tiempo con mayor habilidad.

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