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All You Can Eat Breakfast and Blood Drive

Sunday, 09/29/2019 at 8:00 AM - 11:30 AM

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CHERIE BRECKENKAMP

Sunday, 09/29/2019 at 11:00 AM - 6:00 PM

FRENTE A LA CRUZ | ¿Qué demuestran nuestras vidas que nosotros deseamos?

Como san Pedro, somos todos una mezcla de obras, pensamientos y deseos

Esta semana escuchamos que Moisés envió 12 hombres para explorar la tierra prometida. Los exploradores regresaron con malas noticias: la tierra era potencialmente rica, pero estaba ocupada por mucha gente en ciudades bien fortificadas. El consenso fue que israel no podría entrar.

Un explorador (Caleb) aconsejó al pueblo confiar en Dios, pero ellos se negaron. En su lugar, se lamentaron: “¡podríamos simplemente morir aquí en el desierto!”. Dios les dio lo que ellos pidieron. Su sentencia fue la siguiente: “Voy a hacer justamente lo que les he oído decir”. Ellos pasaron 40 años vagando en el desierto. A nadie mayor de 20 años, es decir, nadie con poder de decisión en la comunidad, se le permitió entrar en la tierra prometida. Todos murieron en el desierto.

Esta semana también oiremos acerca de la mujer cananea que le pidió a Jesús que sanara a su hija. Jesús, viendo su fe, le concedió la curación. Su sentencia se expresó exactamente en los mismos términos: “Se hará como lo has pedido”.

¿Qué pasa si es así como el juicio de Dios funciona? ¿Qué pasa si Él nos da lo que nuestras vidas, -nuestras palabras y obras, cómo gastamos nuestro tiempo y energía- muestran que queremos? Cuando nos ponemos frente a Él, Él puede decir “Estoy encantado de darte esto” o puede decir “Lo siento, pero si esto es lo que tú quieres, puedes tenerlo para toda la eternidad”.

No estoy sugiriendo que es así exactamente cómo funciona el juicio de Dios. ¡También hay misericordia! Sin embargo, es útil para nosotros reflexionar: ¿Nuestras vidas demuestran lo que queremos?

Por supuesto, la mayoría de nosotros somos una mezcla de diferentes cosas. Queremos muchas cosas, y a veces cosas que se contradicen. Somos a la vez generosos y egoístas, nos damos a nosotros mismos y somos egocéntricos.

De tal manera es algo bueno leer esta semana acerca de san Pedro, porque él también era una mezcla de cosas.

Cuando Jesús les preguntó a sus discípulos ¿“Quién dicen ustedes que soy?”. Pedro respondió: “Tú eres el Cristo”. El dio una respuesta espectacularmente correcta. Y por su respuesta fue comisionado como la roca de la Iglesia.

Sin embargo, esto no quiere decir que todo en él era correcto. Justo en las próximas líneas, cuando Jesús quiere profundizar con sus discípulos y comienza a hablar acerca de la cruz, Pedro se equivoca espectacularmente. Jesús lo reprende, y hasta lo llama “Satanás”.

Este es el Pedro que dice que está dispuesto a matar por Jesús, y luego se da la vuelta y lo niega tres veces. En esto se parece mucho a cada uno de nosotros.

Sin embargo, Pedro se mantiene ahí. El permite que Jesús lo purifique hasta que al final, lo que él quiso más profundamente fue seguir a Cristo. Y se cumplió como él lo deseaba: fue crucificado, y llevado al cielo.

Al final, quizás esa es la lección clave para nosotros. Como Pedro, cada uno de nosotros es una mezcla de cosas, un juego entre la luz y la oscuridad. Como a Pedro, Jesús está dispuesto a encontrarnos donde estemos y a purificar nuestros deseos. La pregunta es si así como lo hizo Pedro damos nosotros también nuestro consentimiento para el proceso de purificación.

Entonces, ¿qué es lo que deseas? Como dijo una vez C.S. Lewis, «Al final solo hay dos clases de personas: aquellos que le dicen a Dios “que se haga tu voluntad” y aquellos a quienes Dios les dice “que se haga tu voluntad”».

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